La autora

Confieso que he leído

Nací en 1950 y, obvio, no sabía leer. Eso sucedió en Córdoba , capital. A los 5 años, por decisión laboral de mis padres, comencé mi vida en La Rioja, y aprendí a leer en la Escuela “Castro Barros”, donde además, me conquisté unas cuantas enemigas porque me retiraba a hojear libros en un aula abandonada. La lectura de varios ejempalres de la biblioteca de mi papá, empezaron a crear un cerco del que ya me sería imposible escapar: el del mundo de los libros. Recuerdo un Quijote sin tapas, una gramática para escuela elemental y un diccionario de tres tomos. Además, una novela: “ La novia del hereje”, palabra esta última que escribí varias veces, dudando de su ortografía y de su significado. A los 12 años, una vecina me prestó otro libro titulado “ Las cien mejores poesías líricas de la Lengua Castellana” , que leí con avidez y del cual recuerdo unos pesados versos de Espronceda , aquellos que hablan de una “ lengua ardiente de eterno saber…”. De su casa salió también un folio arrollado que contenía, escrito a mano, el poema “Los motivos del lobo”, de Rubén Darío, que repetí unas 365 veces hasta aprenderlo de memoria ( y que aún soy capaz de recitar!!! ).

Durante el secundario, una profesora de literatura hizo brillar para mí la “ Silva de la agricultura de la zona tórrida” ( sí, brillar!!! ). Y así me enteré que dentro de aquel cerco podía gestarse una profesión: la Literatura. Ya en Córdoba, en una habitación húmeda y fría, como corresponde a la tradición del literato pobre que acopie detalles tristes para una biografía, leí , leí, leí ( medité, busqué, lloré, subrayé, interrogué, detesté, y volví a leer): Goethe, Kafka, Yeats, el “Poema de Mio Cid”, Herman Hesse, Roberto Arlt, Ugarte, Leopoldo Lugones, Cortázar, Sábato, (enumero unos pocos sin cronología académica), en su mayoría, en la Biblioteca Mayor de la Universidad… El dinero no alcanzaba para comprarlos.

Ejercí en La Rioja la docencia secundaria, superior y universitaria durante 36 años. Mis alumnos de entonces empezaron a hacerme padecer por sus escritos. ( Son los ex alumnos que hoy me invitan a sus Bodas de Plata como bachilleres y piden: “¡¡ Recite, profe!!!”). Los errores han desparecido y regresan García Lorca, Pedro Salinas, Martín Fierro y el Viejo Vizcacha..

En 1992 alguien me preguntó sobre el significado correcto de una palabra. Otro me sugirió que esas aclaraciones las hiciera por radio. Así nació un micro- programa: “LAS BUENAS PALABRAS”, que duró 10 años en el aire. En 1994 se convirtió en una columna semanal en el Diario local “ El Independiente”. Por ambas realizaciones, me otorgaron el premio “ Santa Clara de Asís” ( 1992) y el Premio a la Mujer Destacada en el ámbito nacional ( 1994 ). En marzo de 2014 por decisión unilateral del mismo medio, la columna dejó de aparecer.

Mientras, en mi mesa leía que esperamos los pronósticos climatéricos, en tanto que el paciente sienta un dolor en el dedo que gradualmente desaparece.. hay una conección ormiga, tal ves porque los gobiernos han sido muchas veces malos gobernando en cuanto a la educación… y definimos una laguna mental como el gran conocimiento de las ideas. Las afisiones y los jobis arrastran la atención… y en algunas lugares se venden camas para niños de hierros…. AGARRENSÉN….!!!

En LAS BUENAS PALABRAS el propósito es crear un espacio de reflexión sobre la corrección del idioma, abordando términos y expresiones sobre los cuales los hablantes suelen tener dudas: los plurales, el género, la variación de los significados, los aspectos fónicos. Como diría Pedro Salinas: “ ¿ Tiene o no tiene el hombre como individuo, el hombre en comunidad, la sociedad deberes inexcusables, mandatarios en todo momento, con su idioma? ¿ Debemos quedarnos, con quien dice, a la orilla del vivir del idioma, mirándolo correr, claro o turbio, como si nos fuese ajeno?”
“Hacerse poeta es enfermedad incurable”, dijo alguna vez Cervantes. Mi enfermedad carece de poesía y de pdecimiento. Pertenezco a la raza verbívora, como dirían Les Luthiers. Y tengo como adicción escuchar a Dolina, cuyo programa educa y divierte, solamente, con muy buenas palabras.