prólogo

La palabra “ prólogo” es de origen griego; definía el discurso que en las representaciones de teatro griego y latino  solía preceder al poema dramático y se recitaba ante el público.

Pasado el tiempo,  prólogo fue, en cualquier libro, el escrito antepuesto al cuerpo de la obra, cuya función podía ser, alternativa o simultáneamente, una exposición, aclaración o declaración, sobre los méritos de la obra presentada. En general, lo escribían los amigos del autor. El desarrollo vertiginoso de esta modalidad literaria no sólo se vio interrumpido en la Edad Media, sino que incluso llegó a quedar atrofiado, perdiendo en el proceso su agilidad imaginativa y su belleza. En el siglo XIII y XIV los prólogos que se publicaban  no tenían en cuenta el necesario diálogo con el lector. Recién se volvió a utilizar con carácter y función de dedicatoria en el siglo XV.

Cervantes le da un definitivo rasgo individual como género a partir de los Prólogos que escribe para la Primera  y para la Segunda Parte de su muy difundida novela “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

Puede aparecer con otros nombres:  proemio, preámbulo ( palabra que proviene del latín y significa “lo que va adelante” ) introito,  exordio (primera parte del discurso oratorio que tiene por objeto preparar el ánimo de los oyentes) o simplemente introducción.

En libros de ideas, o ensayos, en el Prólogo el lector puede encontrar explicaciones acerca de los propósitos que  fundamentan el desarrollo de los temas, las limitaciones que la obra tiene, el método de trabajo que se ha seguido para arribar a las conclusiones, y también, se dejan consignados los agradecimientos hacia las personas que han facilitado la tarea y / o la publicación.

En la vida cotidiana, hacer un prólogo  o un preámbulo es dar un rodeo antes de decir lo que realmente importa.